Un Seven que marcará un cambio
Para muchos y en muchos aspectos, el V Seven de la Patagonia será
el final de un capítulo y el obligado inicio de un nuevo concepto
de lo que hasta hoy ha sido el torneo de verano más importante
del sur argentino, desde aquel debut en enero del 2000, cuando Ivan
Macat y Matías Lamas fueron los invitados del club Chenque
Rugby.
El V Seven jugado en las playas de Rada Tilly mostró como en
ningún otro, la brecha que existe entre lo bien organizado
y lo hecho con la mejor de las voluntades. Es que el crecimiento del
torneo traspasó el fin de semana muchas de las barreras de
contención puestas a trabajar por los organizadores.
Ese mismo crecimiento que posibilitó que varios equipos de
todo el país se acercaran a nuestra región, pasó
factura con el mismo item: vinieron muchos jugadores de lejos que
no fueron debidamente atendidos y controlados, en el sentido de contención
propiamente dicho.
Es verdad que el nivel de juego fue muy inferior al de la edición
2003, que los equipos visitantes fueron de escaso nivel técnico
y que los equipos de nuestra Unión mantuvieron su rendimiento,
lo que salvó el nivel del torneo desde lo deportivo, bien vale
reconocerse.
Pero en muchos factores, la escasez fue más notoria y como
en ninguna edición anterior, generó comentarios de quienes
saben mucho del juego, que es necesario corregir muchos lineamientos
a la hora de invitar. Ese punto deberá sin embargo analizarse
dentro de un contexto global que tiene en definitiva un balance muy
positivo. Más allá de las criticas y las alabanzas hacia
las cosas que siguen saliendo bien. Es conveniente detallar estas
últimas en primer término ya que no son más que
reconocimientos a una tarea hecha con ese fín y no hechos fortuitos
y sublimes: todos trabajan para que las cosas salgan bien, si se consiguen,
deben ser reconocidas pero no utilizadas como escudo protector para
tapar lo que no funcionó.
El gran grupo que Chenque Rugby dispuso para el trabajo, sacó
adelante con mucha garra y aciertos un torneo difícil que amenazó
con hechos de violencia sin sentido tanto fuera de la cancha -el boliche
la noche del sábado y el destrozo del albergue municipal como
las peleas suscitadas en el partido Comodoro RC-Calafate RC, arcaicas
y totalmente ajenas al espíritu de difusión del deporte
que ostenta el seven-, que no llegaron a mayores y fueron bien contenidas.
Un nuevo comienzo
Es así como debería enfocarse el trabajo de cara a la
VI edición. Porque si utilizamos una frase del sentido común,
en esta edición pasada, el Seven de la Patagonia perdió
su virginidad, dejó atrás los sueños de adolecencia
que deberán dejar paso a un trabajo profesional que no sabe
de parches, o apelaciones a un espíritu de cooperación
innato que no muchos ya piensan siquiera en ofrecer. Esto debe entenderse
con espíritu constructivo. Marcar errores no habla de intenciones
de críticas vacías sino de apuntar que deberá
replantearse en el futuro.
Si hablamos de los equipos visitantes y en como se los contiene en
esos tres días que están entre nosotros, se hace más
que necesario que estos sean enviados en forma oficial por los clubes
que representan y lleguen con un responsable que responda por ellos
que no sea un jugador de la misma delegación. Esto permitirá
solucionar dos problemas básicos: que los jugadores sean realmente
fieles representantes de esos equipos y que en caso de ser responsables
de hechos como los ocurridos el fin de semana, paguen como corresponde
con sanciones en sus clubes. Esta vez hubo casos patéticos
de jugadores que no están jugando en los supuestos clubes que
representaron y que ante una situación como la ocurrida, no
podrán ser reprendidos ya que en sus clubes seguramente ni
los recuerdan o nunca los conocieron.
En cuanto a su contención en la zona por parte del club organizador,
todos los aspectos deberán ser tenidos en cuenta, por más
superficiales que puedan aparecer. Quien sea designado como enlace
para cada delegación no debería dejarlos en ningún
momento y si es necesario, pernoctar, comer, y todo lo necesario junto
a los jugadores, situación incómoda que bien podría
evitarse si estas delegaciones cuentan con un responsable propio,
mayor y que sea propiamente un responsable.
Hablando de puntos claves, una buena atención, comida y hospedaje
no dejan muy atrás a los momentos en que se debe ir a un boliche,
a pasear por la región o bien sentarse en un pub a tomar una
simple cerveza. Parece exagerado que estos aspectos sean solucionados
por los organizadores, pero hacen en parte a la contención
total de las personas y evitan reacciones -más allá
que las mismas fueron de mentes enfermas-, que compliquen el normal
desarrollo del torneo.
Un trato más realista
Algo para pensar. En algún momento debería buscarse
una alternativa mucho más equitativa a la hora de hospedar
a los huéspedes y movilizarlos. Porque no es aceptable y se
puede tomar como una falta de respecto que unos jugadores deban movilizarse
vía terrestre por más de 2000 kilómetros y otros
tengan el privilegio de hacerlo por avión, simplemente porque
sean de un club que -en caso de haber enviado jugadores de real nivelo
figuras reconocidas- merezca más atención que otros,
análisis que tampoco debería ser válido de utilizar
porque se estaría cayendo en un sectarismo poco felíz.
Dentro de dicho equilibrio deberá entrar el aspecto hospedaje.
Una salida válida y que sería bueno tener en cuenta,
está el alojarlos en casas de los propios jugadores de los
equipos de la Unión Austral, hecho que tiene dos aspectos positivos:
se permitiría a los rugbiers de nuestra Unión tomar
contacto directo con pares de otros lugares y se lograría una
comunión entre todos los que deben jugar el torneo, que en
las últimas ediciones se fue perdiendo. ¿O acaso el
espíritu del rugby no habla de amistad como un hecho de igualdad
y hermandad?. Nadie deposita a un hermano en un hospedaje municipal,
mientras lleva a otro a un hotel cuatro estrellas.
Más que un cúmulo de voluntades
Así tendrá que pensarse el VI Seven de la Patagonia.
Es hora del nacimiento del profesionalismo organizativo. Es el momento
ideal para dejar atrás análisis rápidos y livianos,
a la hora de apuntalar las bases sobre las que se trabaje para el
fin de semana del torneo. Porque no se puede suponer más nada.
No se puede suponer que los visitantes responderán al mismo
nivel de entrega que los organizadores porque este es altísimo
y no todos entienden de buenas voluntades.
Hugo Hernández - Director periodístico de Corazón
Ovalado

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